Judit Judit es reconocida como Escritura Deuterocanónica por las Iglesias Católica Romana, Ortodoxa Griega y Ortodoxa Rusa.
1 En el año doce del reinado de Nabucodonosor, quien gobernaba a los asirios en Nínive, la gran ciudad, y en los tiempos de Arfaxad, que reinaba sobre los medos en Ecbatana, 2 este construyó alrededor de Ecbatana unas murallas con piedras labradas que medían tres codos de ancho por seis de largo, y levantó la muralla hasta una altura de setenta codos, con un ancho de cincuenta codos. 3 Puso las torres de sus puertas a cien codos de altura, y el ancho de sus cimientos era de sesenta codos. 4 Y construyó sus puertas, unas puertas que se levantaban hasta los setenta codos de altura, con un ancho de cuarenta codos, para que por ahí pudiera salir su poderoso ejército y para que se formaran sus soldados de a pie. 5 En esos días, el rey Nabucodonosor le declaró la guerra al rey Arfaxad en el gran valle, el cual queda en la frontera de Ragau. 6 Y salieron a apoyarlo todos los que vivían en la zona de las montañas, y todos los que vivían junto a los ríos Éufrates, Tigris e Hidaspes, así como en el valle de Arioc, el rey de los elimeos. Muchas naciones de los descendientes de Quelod se juntaron para la batalla.
7 Entonces Nabucodonosor, el rey de los asirios, mandó a llamar a todos los que vivían en Persia y a todos los que vivían en el occidente: a los de Cilicia, Damasco, el Líbano, el Antilíbano, y a todos los que vivían por la costa del mar; 8 también a los de las naciones del Carmelo y Galaad, a los de la alta Galilea y del gran valle de Esdraelón, 9 y a todos los que estaban en Samaria y sus ciudades, del otro lado del Jordán hasta Jerusalén, Betane, Quelús, Cades, el río de Egipto, Tafnes, Ramesés, y toda la región de Gosén, 10 hasta llegar más allá de Tanis y Menfis, y a todos los que vivían en Egipto, hasta topar con la frontera de Etiopía. 11 Pero todos los habitantes de toda esa región no le hicieron caso a la orden de Nabucodonosor, el rey de los asirios, y no lo acompañaron a la guerra; porque no le tenían miedo, sino que lo veían como a cualquier otro hombre. Corrieron a sus mensajeros y los mandaron de regreso con las manos vacías y pasando vergüenzas.
12 Por esto, Nabucodonosor se enojó muchísimo contra toda esa región, y juró por su trono y su reino que se iba a vengar de todos los territorios de Cilicia, Damasco y Siria. Juró que iba a matar a espada a todos los habitantes de Moab, a los amonitas, a toda Judea y a todos los de Egipto, hasta llegar a los límites de los dos mares. 13 Y en su año diecisiete, preparó a su ejército para la batalla contra el rey Arfaxad; y le ganó en la batalla, haciendo huir a todo el ejército de Arfaxad, junto con todos sus caballos y sus carruajes. 14 Se adueñó de sus ciudades. Llegó hasta Ecbatana, tomó las torres, saqueó sus calles y convirtió todo lo bonito que tenía en una desgracia. 15 Atrapó a Arfaxad en las montañas de Ragau, lo atravesó con sus lanzas y lo destruyó para siempre. 16 Luego se regresó con su gente a Nínive, él y todo su grupo de diferentes naciones, que era una cantidad inmensa de soldados. Ahí se la pasó descansando y en puros banquetes, él y su ejército, durante ciento veinte días.
Judit 2 ->
1 En el año doce del reinado de Nabucodonosor, quien gobernaba a los asirios en Nínive, la gran ciudad, y en los tiempos de Arfaxad, que reinaba sobre los medos en Ecbatana, 2 este construyó alrededor de Ecbatana unas murallas con piedras labradas que medían tres codos de ancho por seis de largo, y levantó la muralla hasta una altura de setenta codos, con un ancho de cincuenta codos. 3 Puso las torres de sus puertas a cien codos de altura, y el ancho de sus cimientos era de sesenta codos. 4 Y construyó sus puertas, unas puertas que se levantaban hasta los setenta codos de altura, con un ancho de cuarenta codos, para que por ahí pudiera salir su poderoso ejército y para que se formaran sus soldados de a pie. 5 En esos días, el rey Nabucodonosor le declaró la guerra al rey Arfaxad en el gran valle, el cual queda en la frontera de Ragau. 6 Y salieron a apoyarlo todos los que vivían en la zona de las montañas, y todos los que vivían junto a los ríos Éufrates, Tigris e Hidaspes, así como en el valle de Arioc, el rey de los elimeos. Muchas naciones de los descendientes de Quelod se juntaron para la batalla.
7 Entonces Nabucodonosor, el rey de los asirios, mandó a llamar a todos los que vivían en Persia y a todos los que vivían en el occidente: a los de Cilicia, Damasco, el Líbano, el Antilíbano, y a todos los que vivían por la costa del mar; 8 también a los de las naciones del Carmelo y Galaad, a los de la alta Galilea y del gran valle de Esdraelón, 9 y a todos los que estaban en Samaria y sus ciudades, del otro lado del Jordán hasta Jerusalén, Betane, Quelús, Cades, el río de Egipto, Tafnes, Ramesés, y toda la región de Gosén, 10 hasta llegar más allá de Tanis y Menfis, y a todos los que vivían en Egipto, hasta topar con la frontera de Etiopía. 11 Pero todos los habitantes de toda esa región no le hicieron caso a la orden de Nabucodonosor, el rey de los asirios, y no lo acompañaron a la guerra; porque no le tenían miedo, sino que lo veían como a cualquier otro hombre. Corrieron a sus mensajeros y los mandaron de regreso con las manos vacías y pasando vergüenzas.
12 Por esto, Nabucodonosor se enojó muchísimo contra toda esa región, y juró por su trono y su reino que se iba a vengar de todos los territorios de Cilicia, Damasco y Siria. Juró que iba a matar a espada a todos los habitantes de Moab, a los amonitas, a toda Judea y a todos los de Egipto, hasta llegar a los límites de los dos mares. 13 Y en su año diecisiete, preparó a su ejército para la batalla contra el rey Arfaxad; y le ganó en la batalla, haciendo huir a todo el ejército de Arfaxad, junto con todos sus caballos y sus carruajes. 14 Se adueñó de sus ciudades. Llegó hasta Ecbatana, tomó las torres, saqueó sus calles y convirtió todo lo bonito que tenía en una desgracia. 15 Atrapó a Arfaxad en las montañas de Ragau, lo atravesó con sus lanzas y lo destruyó para siempre. 16 Luego se regresó con su gente a Nínive, él y todo su grupo de diferentes naciones, que era una cantidad inmensa de soldados. Ahí se la pasó descansando y en puros banquetes, él y su ejército, durante ciento veinte días.
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