3 Mi Dios, la roca en quien me refugio.
4 Invocaré al Señor, que es digno de ser alabado. Él me salvará de todos mis enemigos.
6 me sentía atrapado y atado por el infierno y la muerte.
7 Pero en mi angustia invoqué al Señor, y él me oyó desde su templo.
9 Humo salió de su nariz; su boca vomitó fuego consumidor; ¡arrojaba carbones encendidos!
11 Se montó sobre un querubín y cruzó el cielo, voló sobre las alas del viento.
12 Puso alrededor suyo tinieblas por velo, y densas nubes lo rodearon.
13 Carbones encendidos brotaron de su resplandor.
14 El Señor tronó desde los cielos; desde el cielo se escuchó la voz del Dios Altísimo.
15 Arrojó flechas y relámpagos y derrotó a todos mis enemigos.
16 Por el soplo de su aliento se partió el mar en dos, y se pudo ver el fondo del mar.
18 me salvó de enemigos poderosos, de todos los que me odiaban, y de los que eran demasiado fuertes para mí.
19 Cayeron sobre mí en el día de mi desgracia, pero el Señor fue mi apoyo y mi salvación.
20 Él me libró y me rescató, porque me ama.
22 Yo he vivido en la voluntad del Señor, y nunca me he apartado de mi Dios,
23 porque he tenido presentes sus leyes, y las he obedecido.
24 He sido íntegro delante de él, y me he cuidado de pecar.
25 El Señor me ha recompensado, porque he sido justo, porque he vivido rectamente.
27 Con el que es sincero, tú eres sincero, pero con el que es tramposo tú eres inflexible.
28 Salvas a los que están en angustia, pero humillas a los que se enaltecen, porque tú observas sus pasos.
29 Señor, tú eres mi luz; tú haces que mis tinieblas resplandezcan.
30 Por tu poder yo puedo aplastar a un ejército;
32 ¿Qué Dios hay fuera de nuestro Señor?
33 Dios es mi poderosa fortaleza; él me ha dado seguridad.
34 Él hace que el bueno camine con firmeza, como las cabras monteses sobre las rocas.
35 Él me prepara para la batalla, y me fortalece para usar las armas de guerra.
36 Tú me has dado el escudo de tu salvación; y tu bondad me hace prosperar.
37 Me despejas el camino, para que mis pies no resbalen.
39 Los destruí a todos para que ninguno pueda levantarse nuevamente. ¡Han caído todos bajo mis pies!
40 Porque tú me has dado fuerzas para la batalla, y has hecho que someta a todos los que se levantaron contra mí.
41 Tú has hecho que mis enemigos retrocedan y huyan; he acabado con todos los que me odiaban.
42 Clamaron por ayuda, pero nadie los socorrió; clamaron al Señor, pero él se negó a responderles.
43 Los derroté hasta hacerlos polvo, y los molí y esparcí como polvo de las calles.
45 Pueblos extranjeros me sirven, y me halagan cuando oyen de mi poder.
46 Pierden todo su valor, y salen temblando de sus escondites.
47 ¡El Señor vive! ¡Bendita sea, mi roca!
48 Bendito sea Dios, pues destruye a todos los que se me oponen y me libra de mis enemigos.
49 Sí, tú me levantas por encima de mis enemigos, tú me libras de su violencia.
50 Por eso, Señor te daré gracias entre las naciones y cantaré alabanzas a tu nombre.
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