1 Llegaron a Ecbatana y se fueron directo a la casa de Ragüel. Sara salió a recibirlos; ella los saludó, y ellos a ella. Luego los invitó a pasar a la casa. 2 Ragüel le dijo a Edna, su esposa: “¡Qué bárbaro, cómo se parece este muchacho a mi primo Tobit!” 3 Y Ragüel les preguntó: “¿De dónde son ustedes, parientes?”
4 Él les dijo: “¿De casualidad conocen a nuestro hermano Tobit?”
5 Ellos le contestaron: “Sí, está vivo y con muy buena salud”. Tobías le dijo: “Él es mi papá”.
6 Y Ragüel se levantó de un brinco, lo abrazó, lo besó y se puso a llorar, 7 lo bendijo y le dijo: “Eres hijo de un hombre muy bueno y honrado”. Pero cuando le contaron que Tobit se había quedado ciego, le dio mucha tristeza y lloró; 8 y Edna su esposa, y Sara su hija, también lloraron. Los recibieron con mucho gusto; mataron a un borrego del rebaño y les sirvieron de comer.
9 Así que él le platicó el asunto a Ragüel. Ragüel le dijo a Tobías: “Come, bebe y alégrate: 10 porque a ti te toca casarte con mi hija. Pero te voy a decir la verdad. 11 A mi hija ya se la he dado como esposa a siete parientes nuestros, y siempre que entraban con ella al cuarto, se morían esa misma noche. Pero por lo pronto, tú disfruta y alégrate”.
12 Ragüel le dijo: “Tómala como tuya desde este momento, como manda la costumbre. Tú eres su pariente, y ella es tuya. Que nuestro Dios misericordioso te dé todo el éxito del mundo”. 13 Y mandó llamar a su hija Sara, la tomó de la mano y se la entregó a Tobías para que fuera su esposa, y le dijo: “Mira, recíbela como tuya según la ley de Moisés, y llévatela a casa de tu papá”. Y les dio su bendición. 14 Llamó a su esposa Edna, agarró un papel, escribió el contrato de matrimonio y lo selló. 15 Y después de eso se pusieron a comer.
16 Y Ragüel llamó a su esposa Edna y le dijo: “Mujer, ve a arreglar el otro cuarto, y llévala para allá”. 17 Ella hizo lo que él le pidió, y se la llevó al cuarto. Ella se puso a llorar, y secándole las lágrimas a su hija, le dijo: 18 “Cálmate, mi niña. Que el Señor del cielo y de la tierra te conceda favor[a] a cambio de tu tristeza. Ánimo, hija mía”.
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Muchas autoridades antiguas leen alegría.
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