11 Cuando terminó de decir esto, mandó que trajeran los aparatos de tortura, para ver si el miedo los convencía de comer la carne impura. 12 Cuando el guardia acercó las ruedas, las camas de tortura, los ganchos, las ollas, los sartenes, los aparatos para los dedos, las manos de hierro, las cuñas y los fuelles, el tirano siguió diciendo: 13 “Tengan miedo, jóvenes, y la justicia que ustedes adoran los va a perdonar si rompen sus reglas porque los obligaron”.
14 Pero ellos, después de escuchar cómo los trataba de convencer y al ver todos esos aparatos horribles, no solo no se asustaron, sino que le respondieron a los argumentos del tirano y, con su buen razonamiento, destruyeron todo su poder. 15 Vamos a analizar esto. Si alguno de ellos hubiera sido de mente débil o cobarde, ¿qué otras excusas hubieran usado sino estas? 16 “¡Ay, qué desgraciados somos y qué falta de sentido! Si el rey nos anima y nos invita a aceptar sus regalos, ¿qué no deberíamos obedecerle? 17 ¿Para qué nos damos ánimos con puros consejos vacíos y nos arriesgamos a ser desobedientes cuando eso nos va a costar la vida? 18 ¿Acaso no le tenemos miedo, hermanos, a los aparatos de tortura? ¿No vamos a pensar bien en las amenazas de tormento y a huir de esta vanidad y de este orgullo que nos va a destruir? 19 Hay que tener compasión de nuestra juventud y pensar en los años que tiene nuestra madre. 20 Hay que tener en cuenta que nos van a matar por andar de rebeldes. 21 La Justicia Divina nos va a perdonar si le tenemos miedo al rey por pura necesidad. 22 ¿Por qué nos vamos a quitar una vida tan dulce y a perdernos de este mundo que es tan bonito? 23 No hay que pelearnos con la necesidad, ni andar buscando fama dejándonos torturar. 24 La misma ley no nos condenaría a muerte nada más porque le tenemos miedo a la tortura. 25 ¿Por qué nos ha pegado este enojo tan fanático y por qué nos gusta esta terquedad que nos va a matar, cuando podríamos vivir tranquilos y sin que el rey nos moleste?”
26 Pero los jóvenes ni dijeron ni pensaron nada de esto cuando ya los iban a torturar. 27 Porque ellos sabían bien lo que iban a sufrir, y ya eran dueños del dolor. 28-29 Tanto así que, en cuanto el tirano dejó de aconsejarles que comieran la carne impura, todos a una sola voz, como si hablaran con un mismo corazón, le dijeron:
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