El Segundo Libro de los Macabeos El Segundo Libro de los Macabeos es reconocido como Escritura Deuterocanónica por las Iglesias Católica Romana, Ortodoxa Griega y Ortodoxa Rusa.
1 Los hermanos, los judíos que están en Jerusalén y los que viven en el país de Judea, los saludan y les desean mucha paz a sus hermanos, los judíos que están por todo Egipto. 2 Que Dios les haga mucho bien, y que se acuerde de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, sus fieles servidores, 3 y que les dé a todos ustedes un corazón para adorarlo y hacer su voluntad con un corazón fuerte y con muchas ganas. 4 Que Dios les abra el corazón para entender su ley y sus mandamientos, y que les dé paz, 5 que escuche sus peticiones, que esté en paz con ustedes, y que no los abandone en los tiempos difíciles. 6 Por lo pronto, nosotros estamos orando por ustedes aquí.
7 En el tiempo en que gobernaba Demetrio, en el año ciento sesenta y nueve, nosotros los judíos ya les habíamos escrito en medio del sufrimiento y la angustia que nos tocó vivir en esos años, desde que Jasón y su gente se rebelaron contra la tierra santa y el reino. 8 Ellos le prendieron fuego a la puerta y derramaron sangre inocente. Le oramos al Señor, y él nos escuchó. Ofrecimos sacrificios y ofrendas de harina. Prendimos las lámparas y acomodamos los panes consagrados.[a] 9 Ahora les toca a ustedes celebrar los días de la fiesta de las enramadas en el mes de Quisleu, en este año ciento ochenta y ocho.
10 La gente de Jerusalén y los que viven en Judea, junto con el consejo de ancianos y Judas, saludan a Aristóbulo, maestro del rey Ptolomeo, que también viene de la familia de los sacerdotes ungidos, y a los judíos que están en Egipto. Les deseamos saludos y buena salud.11 Como Dios nos salvó de peligros tan grandes cuando tuvimos que enfrentarnos a un rey, le damos muchísimas gracias. 12 Porque él aventó hasta Persia a los que nos atacaron en la ciudad santa. 13 Y es que cuando el príncipe llegó allá, con un ejército que parecía invencible, los hicieron pedazos en el templo de Nanea gracias a una trampa de los sacerdotes de ahí. 14 Porque Antíoco, con el pretexto de que se iba a casar con ella, entró al lugar junto con los amigos que lo acompañaban, para llevarse gran parte de los tesoros como si fuera la dote. 15 Los sacerdotes del templo de Nanea sacaron los tesoros para mostrarlos, y él entró con un grupo pequeño al área sagrada. Pero en cuanto Antíoco entró, los sacerdotes cerraron el templo con llave. 16 Luego abrieron una puerta secreta en el techo de madera, les aventaron piedras y aplastaron al príncipe. Los hicieron pedazos a él y a su gente, les cortaron la cabeza y se las aventaron a la gente que estaba afuera. 17 Bendito sea nuestro Dios en todo, que les dio su merecido a los que se portaron tan mal.
18 Como ya estamos a punto de celebrar la purificación del templo el día veinticinco del mes de Quisleu, nos pareció buena idea avisarles, para que ustedes también celebren la fiesta de las enramadas y se acuerden del fuego que apareció cuando Nehemías ofreció sacrificios, después de haber reconstruido el templo y el altar.
19 La verdad es que, cuando a nuestros antepasados se los iban a llevar prisioneros a Persia, los sacerdotes fieles de esa época tomaron un poco del fuego del altar y lo escondieron en el fondo de un pozo seco, y se aseguraron de que nadie supiera dónde quedó. 20 Muchos años después, cuando Dios así lo quiso, Nehemías, que había recibido un encargo del rey de Persia, mandó a los descendientes de esos mismos sacerdotes a buscar el fuego. Cuando nos avisaron que no encontraron fuego, sino un líquido espeso, 21 Nehemías les dijo que sacaran un poco y se lo llevaran. Ya que tenían listos los sacrificios, Nehemías les ordenó a los sacerdotes que rociaran con ese líquido tanto la leña como lo que habían puesto encima. 22 Cuando hicieron esto y pasó un ratito, el sol salió de entre las nubes y brilló fuerte. En eso, se prendió una llamarada tan grande que todos se quedaron con la boca abierta. 23 Mientras se quemaba el sacrificio, los sacerdotes y todos los demás se pusieron a orar. Jonatán dirigía la oración y los demás le contestaban, igual que Nehemías.
24 La oración decía más o menos así: “Señor, Señor Dios, Creador de todas las cosas; tú eres grande, fuerte, justo y compasivo. Solo tú eres Rey y eres bueno. 25 Solo tú nos das lo que necesitamos, solo tú eres justo, todopoderoso y eterno. Tú que salvas a Israel de todo lo malo, que escogiste a nuestros antepasados y los hiciste santos, 26 acepta este sacrificio por todo tu pueblo Israel, cuida a tu pueblo que te pertenece y hazlo santo. 27 Junta a nuestra gente que anda dispersa, libera a los que son esclavos entre las otras naciones, fíjate en los que son despreciados y odiados, y haz que las naciones sepan que tú eres nuestro Dios. 28 Dale su castigo a los que nos oprimen y nos maltratan con tanto orgullo. 29 Vuelve a plantar a tu pueblo en tu lugar santo, tal como lo prometió Moisés”.
30 Luego los sacerdotes cantaron los himnos. 31 Y apenas se terminó de quemar el sacrificio, Nehemías mandó que echaran el resto del líquido sobre unas piedras grandes. 32 Al hacer eso, se prendió una llama; pero cuando el brillo del fuego del altar le pegó, la llama se apagó. 33 Cuando esto se supo y le contaron al rey de los persas que, en el mismo lugar donde los sacerdotes exiliados habían escondido el fuego, apareció el líquido con el que Nehemías y su gente purificaron el sacrificio, 34 el rey mandó investigar bien, y después mandó poner una barda alrededor del lugar y lo declaró sagrado. 35 Y cuando el rey quería quedar bien con alguien, le daba muchos regalos y también le regalaba un poquito de ese líquido. 36 Nehemías y su gente llamaron a este líquido “Neftar”, que significa “Purificación”; pero la mayoría de la gente le dice Neftai.
2 Macabeos 2 ->
- a Gr. hogazas
1 Los hermanos, los judíos que están en Jerusalén y los que viven en el país de Judea, los saludan y les desean mucha paz a sus hermanos, los judíos que están por todo Egipto. 2 Que Dios les haga mucho bien, y que se acuerde de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob, sus fieles servidores, 3 y que les dé a todos ustedes un corazón para adorarlo y hacer su voluntad con un corazón fuerte y con muchas ganas. 4 Que Dios les abra el corazón para entender su ley y sus mandamientos, y que les dé paz, 5 que escuche sus peticiones, que esté en paz con ustedes, y que no los abandone en los tiempos difíciles. 6 Por lo pronto, nosotros estamos orando por ustedes aquí.
7 En el tiempo en que gobernaba Demetrio, en el año ciento sesenta y nueve, nosotros los judíos ya les habíamos escrito en medio del sufrimiento y la angustia que nos tocó vivir en esos años, desde que Jasón y su gente se rebelaron contra la tierra santa y el reino. 8 Ellos le prendieron fuego a la puerta y derramaron sangre inocente. Le oramos al Señor, y él nos escuchó. Ofrecimos sacrificios y ofrendas de harina. Prendimos las lámparas y acomodamos los panes consagrados.[a] 9 Ahora les toca a ustedes celebrar los días de la fiesta de las enramadas en el mes de Quisleu, en este año ciento ochenta y ocho.
11 Como Dios nos salvó de peligros tan grandes cuando tuvimos que enfrentarnos a un rey, le damos muchísimas gracias. 12 Porque él aventó hasta Persia a los que nos atacaron en la ciudad santa. 13 Y es que cuando el príncipe llegó allá, con un ejército que parecía invencible, los hicieron pedazos en el templo de Nanea gracias a una trampa de los sacerdotes de ahí. 14 Porque Antíoco, con el pretexto de que se iba a casar con ella, entró al lugar junto con los amigos que lo acompañaban, para llevarse gran parte de los tesoros como si fuera la dote. 15 Los sacerdotes del templo de Nanea sacaron los tesoros para mostrarlos, y él entró con un grupo pequeño al área sagrada. Pero en cuanto Antíoco entró, los sacerdotes cerraron el templo con llave. 16 Luego abrieron una puerta secreta en el techo de madera, les aventaron piedras y aplastaron al príncipe. Los hicieron pedazos a él y a su gente, les cortaron la cabeza y se las aventaron a la gente que estaba afuera. 17 Bendito sea nuestro Dios en todo, que les dio su merecido a los que se portaron tan mal.
18 Como ya estamos a punto de celebrar la purificación del templo el día veinticinco del mes de Quisleu, nos pareció buena idea avisarles, para que ustedes también celebren la fiesta de las enramadas y se acuerden del fuego que apareció cuando Nehemías ofreció sacrificios, después de haber reconstruido el templo y el altar.
19 La verdad es que, cuando a nuestros antepasados se los iban a llevar prisioneros a Persia, los sacerdotes fieles de esa época tomaron un poco del fuego del altar y lo escondieron en el fondo de un pozo seco, y se aseguraron de que nadie supiera dónde quedó. 20 Muchos años después, cuando Dios así lo quiso, Nehemías, que había recibido un encargo del rey de Persia, mandó a los descendientes de esos mismos sacerdotes a buscar el fuego. Cuando nos avisaron que no encontraron fuego, sino un líquido espeso, 21 Nehemías les dijo que sacaran un poco y se lo llevaran. Ya que tenían listos los sacrificios, Nehemías les ordenó a los sacerdotes que rociaran con ese líquido tanto la leña como lo que habían puesto encima. 22 Cuando hicieron esto y pasó un ratito, el sol salió de entre las nubes y brilló fuerte. En eso, se prendió una llamarada tan grande que todos se quedaron con la boca abierta. 23 Mientras se quemaba el sacrificio, los sacerdotes y todos los demás se pusieron a orar. Jonatán dirigía la oración y los demás le contestaban, igual que Nehemías.
24 La oración decía más o menos así: “Señor, Señor Dios, Creador de todas las cosas; tú eres grande, fuerte, justo y compasivo. Solo tú eres Rey y eres bueno. 25 Solo tú nos das lo que necesitamos, solo tú eres justo, todopoderoso y eterno. Tú que salvas a Israel de todo lo malo, que escogiste a nuestros antepasados y los hiciste santos, 26 acepta este sacrificio por todo tu pueblo Israel, cuida a tu pueblo que te pertenece y hazlo santo. 27 Junta a nuestra gente que anda dispersa, libera a los que son esclavos entre las otras naciones, fíjate en los que son despreciados y odiados, y haz que las naciones sepan que tú eres nuestro Dios. 28 Dale su castigo a los que nos oprimen y nos maltratan con tanto orgullo. 29 Vuelve a plantar a tu pueblo en tu lugar santo, tal como lo prometió Moisés”.
30 Luego los sacerdotes cantaron los himnos. 31 Y apenas se terminó de quemar el sacrificio, Nehemías mandó que echaran el resto del líquido sobre unas piedras grandes. 32 Al hacer eso, se prendió una llama; pero cuando el brillo del fuego del altar le pegó, la llama se apagó. 33 Cuando esto se supo y le contaron al rey de los persas que, en el mismo lugar donde los sacerdotes exiliados habían escondido el fuego, apareció el líquido con el que Nehemías y su gente purificaron el sacrificio, 34 el rey mandó investigar bien, y después mandó poner una barda alrededor del lugar y lo declaró sagrado. 35 Y cuando el rey quería quedar bien con alguien, le daba muchos regalos y también le regalaba un poquito de ese líquido. 36 Nehemías y su gente llamaron a este líquido “Neftar”, que significa “Purificación”; pero la mayoría de la gente le dice Neftai.
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