1 Samuel murió, y todo Israel se reunió para llorar su muerte. Lo enterraron en Ramá, donde él vivía.
9 Cuando los jóvenes llegaron, le dieron el mensaje de parte de David y se quedaron esperando la respuesta.
10 Pero Nabal les contestó a los servidores de David: “¿Y quién es ese David? ¿Quién se cree que es ese hijo de Isaí? ¡Hoy en día hay muchos esclavos que huyen de sus dueños! 11 ¿Acaso voy a tomar mi pan, mi agua y la carne que preparé para mis trasquiladores, y se la voy a dar a gente que ni sé de dónde viene?”.
12 Los jóvenes regresaron a donde estaba David y le contaron todo lo que Nabal había dicho.
13 Entonces David les ordenó: “¡Pónganse todos su espada!”.
14 Mientras tanto, uno de los criados le avisó a Abigail: “David envió mensajeros desde el desierto para saludar a nuestro amo, pero él los insultó. 15 Sin embargo, esos hombres se portaron muy bien con nosotros. Nunca nos molestaron ni se nos perdió nada mientras anduvimos con ellos en el campo. 16 Al contrario, nos protegieron día y noche como una muralla, todo el tiempo que estuvimos cuidando las ovejas cerca de ellos. 17 Piense usted bien lo que va a hacer, porque de seguro le espera algo malo a nuestro amo y a toda su familia. ¡Él es tan malhumorado que nadie puede hablarle!”.
18 Abigail se apresuró a preparar doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas ya guisadas, cinco medidas[a] de grano tostado, cien racimos de pasas y doscientos panes de higos secos. Lo cargó todo en burros 19 y les dijo a sus criados: “Vayan adelante, que yo los sigo”. Pero no le dijo nada a su esposo Nabal. 20 Ella iba montada en su burro y, al dar la vuelta en un recodo del monte, se encontró de frente con David y sus hombres que venían bajando hacia ella.
21 David venía diciendo: “¡De nada sirvió que yo cuidara las propiedades de ese hombre en el desierto! Me aseguré de que no se le perdiera nada, y ahora él me paga mal por bien. 22 ¡Que Dios me castigue duramente si para mañana dejo vivo a uno solo de sus hombres!”. [b]
23 En cuanto Abigail vio a David, se bajó del burro y se inclinó ante él hasta tocar el suelo con la frente. 24 Se echó a sus pies y le suplicó: “¡Señor mío, la culpa es solo mía! Por favor, deje que esta servidora suya le hable; escuche lo que tengo que decirle. 25 No le haga caso a ese necio de Nabal. Él hace honor a su nombre, porque es un tonto de verdad. Yo no vi a los jóvenes que usted envió. 26 Ahora, señor mío, juro por Yahvé y por su propia vida, que es Yahvé quien ha impedido que usted se vengue por su propia mano y derrame sangre. ¡Que sus enemigos y los que quieran hacerle daño acaben como Nabal! 27 Por favor, acepte este regalo que le traigo y déselo a los hombres que lo acompañan. 28 Perdone usted a esta servidora suya. Yo sé que Yahvé le dará a usted un reino duradero, porque usted pelea las batallas de Yahvé y en toda su vida no se ha hallado maldad en usted. 29 Si alguien intenta perseguirlo para matarlo, Yahvé su Dios lo protegerá y lo mantendrá a salvo; pero a sus enemigos, él los lanzará lejos, como quien lanza una piedra con una honda. 30 Cuando Yahvé cumpla todas las promesas de bien que le ha hecho y lo nombre jefe de Israel, 31 usted no tendrá que cargar con el remordimiento de haber derramado sangre inocente o de haberse vengado por su cuenta. Y cuando Yahvé lo haya prosperado, acuérdese de esta servidora suya”.
32 David le respondió a Abigail: “¡Bendito sea Yahvé, el Dios de Israel, que te envió hoy a mi encuentro! 33 Bendito sea tu buen juicio, y bendita seas tú, que me has impedido derramar sangre y vengarme por mi propia mano. 34 Te juro por Yahvé, el Dios de Israel, que si no hubieras venido pronto a mi encuentro, para mañana no le habría quedado vivo a Nabal ni uno solo de sus hombres”.
35 David aceptó todo lo que ella le había traído y le dijo: “Vete tranquila a tu casa. Ya escuché tu petición y te la he concedido”.
36 Cuando Abigail regresó, Nabal estaba celebrando un banquete digno de un rey. Estaba muy alegre y completamente borracho, así que ella no le dijo nada hasta el día siguiente. 37 Por la mañana, cuando a Nabal se le pasó la borrachera, su esposa le contó todo lo que había pasado. Entonces Nabal sufrió un ataque al corazón y se quedó paralizado como una piedra. 38 Unos diez días después, Yahvé hirió a Nabal y murió. 39 Al saber David que Nabal había muerto, exclamó: “¡Bendito sea Yahvé! Él me defendió de la humillación que me hizo Nabal, y me libró de cometer una maldad. Yahvé hizo que la maldad de Nabal cayera sobre su propia cabeza”.
41 Ella se inclinó hasta el suelo y respondió: “Aquí tienen a su servidora, dispuesta incluso a lavarles los pies a los esclavos de mi señor”. 42 De inmediato, Abigail se preparó y, acompañada de sus cinco criadas, montó en un burro y se fue con los mensajeros de David. Así llegó a ser su esposa. 43 David también se casó con Ahinoam de Jezreel, y las dos fueron sus esposas.
44 Mientras tanto, Saúl le había entregado su hija Mical, la esposa de David, a un hombre llamado Palti hijo de Lais, que era de Galim.
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Una medida (seah) es equivalente a unos 7 litros.
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